José Balmes Parramón (1927-2016)

José Balmes Parramón (1927-2016) fue un pintor chileno de origen catalán, radicado la mayor parte de su vida en la ciudad de Santiago de Chile. Nacido en el poblado de Montesquiu, en la provincia de Barcelona, ​​desde muy pequeño fue estimulado en las artes debido a su temprana expresión gráfica, desplegada en el papel de envolver que no faltaba en la pastelería que su madre tenía en el pueblo (Mellado, 2016; Trujillo, 2012). Su padre, Damián Balmes, que era actor, artesano y alcalde republicano de su pueblo natal, lo expuso tempranamente a la práctica de diversas artes; y finalmente estimuló en el joven artista la compañía de algunos de sus amigos pintores barceloneses, siendo el paisajista Santiago Rusiñol (Barcelona, ​​1861-Aranjuez, 1931) el que dejó una marca más profunda en el pequeño dibujante (Mansilla, 2000b: s/n). ). Hacia el fin de la república española, el padre de Balmes formó parte de la resistencia republicana catalana en los últimos combates fronterizos, y al caer Barcelona se separó del niño y su madre provocando una honda impresión en él acerca de la guerra (Guillamon, 2007). : dieciséis). Tras un penoso viaje a Francia que dispersa a la familia temporalmente, los tres vuelven a reunirse en Burdeos para iniciar el abandono definitivo de un Viejo Mundo en crisis (Guillamon, 2007: 24; Mellado, 2016: s/n). 

En la figura de su padre y su postura frente a la guerra, Balmes obtuvo un primer referente acerca de la crítica política radical que luego desarrollaría durante toda su vida, así como una temprana conciencia de las consecuencias de llevar estas ideas políticas revolucionarias a la acción:

Yo entiendo también la política como una creación… Y no sólo porque me importa, sino porque yo nací con la política, mi padre era político, era amigo del presidente de Cataluña, era un hombre activo, estuvo en la cárcel en la época de La dictadura de Primo de Rivera.

… Entonces, la política forma parte del paisaje. Si soy ciudadano chileno es por la política, un hecho político nos hace salir de España, un hecho político nos hace llegar a Chile, y yo siempre lo digo, si no hay Frente Popular chileno, yo no estaría aquí ” (Balmes citado en Castagneto , 2000: 3).

Luego de una larga espera en una situación precaria, se concretó el traslado de la familia Balmes Parramón a Chile en el Winnipeg: un carguero en retiro arribado a Valparaíso el 3 de septiembre de 1939, en el cual miles de refugiados españoles republicanos, derrotados en la guerra civil, salvaron la vida gracias a las gestiones del cónsul Pablo Neruda y la artista Delia Del Carril (Brodsky, 2015: 5). Balmes tenía 12 años de edad y esta situación de huída de Europa y abrazo forzado de la chilenidad lo marcó de por vida.

Una vez instalados en Santiago, donde su padre consigue trabajo como encargado de faenas de pintura en el nuevo Barrio cívico gracias a las redes de trabajadores migrantes catalanes en la ciudad, Balmes rápidamente toma conciencia de su nueva situación y busca adaptarse a la vida de los jóvenes chilenos (cf. Trujillo, 2012), aunque sin abandonar su galopante formación como artista moderno. Luego de trasladarse desde la pensión que los acogió como primer hogar de la familia en calle San Isidro a un inmueble en calle Sierra Bella, Balmes fue “descubierto” por una vecina, quien al ver sus dibujos lo acompañó a la Escuela de Bellas Artes apenas unas semanas desde su llegada a Chile (Guillamon, 2007: 16). Desde sus clases como alumno de los cursos vespertinos a partir de 1940 hasta la abrupta finalización de su decanato en 1973, Balmes desarrolló toda su trayectoria previa a la ruptura democrática como artista y docente de la Universidad de Chile. En sus propias palabras:

El director, Carlos Humeres Solar, dijo: ‘ Esta es una escuela universitaria y, claro, este muchacho tiene doce años. Si los ayudantes de las distintas cátedras lo aceptan podemos admitirlo como alumno libre y que se pasee por las clases. Que pueda asistir a ella y que le hagan correcciones ‘. Y así fue… Entré como alumno libre en septiembre del 39 y salí de allí un septiembre de 1973, exiliado hacia Europa. Es decir, que hice allí toda mi carrera, además de mi trabajo como artista. Fui ayudante de curso, profesor auxiliar, profesor de cátedra, director y, finalmente, el decano de toda la facultad. (Balmes citado en Guillamon, 2007: 16).

Es en esta precoz trayectoria en la que también conoció a Gracia Barrios, con quien contrajo matrimonio en 1952. En la Escuela de Bellas Artes, ambos fueron discípulos aventajados de dos grandes maestros de la pintura de su tiempo: Pablo Burchard y Camilo Mori. La formación codo a codo de ambos pintores, así como sus profundas raíces culturales previas, produjo inmediatamente en su agrupación una suerte de polo creativo de vanguardia, que tuvo una gran importancia en la escena artística provinciana santiaguina de los años cincuenta y sesenta. La importancia de esta genealogía radica en su capacidad de explicar el particular interés de Balmes por la pintura como materialidad y como documento: “ En su pintura, Burchard usa los pigmentos para formar la mancha que deviene en forma y texturas, en tema. Él es el maestro, a partir del cual [Balmes y Barrios] construyen su propia identidad artística ” (Ortega, 2017: 18). A través de Camilo Mori, Balmes conoció personalmente al candidato del Frente Popular para las elecciones de 1952, Salvador Allende Gossens. Un político socialista al cual el pintor apoyó como propagandista en las elecciones de 1952, 1958, 1964 y 1970 (Balmes, 2008: 53). Es en este contexto donde también se convirtió en un referente dentro de la generación llamada a renovar la educación artística chilena, encabezando en 1948 el movimiento reformista denominado Grupo de Estudiantes Plásticos (Mellado, 2015: 47). Es en este escenario que, junto a Gracia Barrios Eduardo Martínez Bonati y Alberto Pérez, forma el colectivo de vanguardismo pictórico Grupo Signo : una agrupación coyuntural, realizada en base a una propuesta curatorial conjunta, cuya filiación al plástico abstracto y el compromiso político internacionalista remeció. la provinciana escena local del arte (Galaz e Ivelic, 1988: 34-35).

En el Chile de los sesenta, el ámbito intelectual ebullía. El alto grado de penetración y circulación de la “teoría de la dependencia” se había producido paulatinamente en un escenario de viraje de la academia hacia las ciencias sociales y el pensamiento cepaliano, sumando además durante esa década a numerosos intelectuales latinoamericanos asilados en Chile a partir de de los alzamientos autoritarios en Brasil y Argentina. Las figuras artísticas comprometidas adquirieron una gran relevancia, y entre ellas Balmes fue considerada -además de un pintor eximio- un importante referente político-ético, y quien dentro de la Facultad de Artes representaba nitidamente los intereses de una “perspectiva popular” (Galaz, 2005: 66). La reivindicación de un imaginario “del pueblo” por parte de esta generación de artistas, encabezados por un catalán nacionalizado en 1949, se tradujo en una “cultura nueva” que debía surgir “ de la lucha por la fraternidad contra el individualismo; por la valoración del trabajo humano contra su desprecio; por los valores nacionales contra la colonización cultural ” (Varios autores, 1970). De este deseo surgieron los proyectos culturales del Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral y el Museo de la Solidaridad, entre muchos otros asumidos personalmente por José Balmes artistas y estrecho colaborador de Allende. Ante el impulso universitario a este deseo de democratización cultural, no es vano considerar que la Facultad de Artes de una Universidad de Chile, con José Balmes a la cabeza, sin duda funcionó entre 1972 y 1973 como el Ministerio de Cultura del gobierno de Allende ( cf. Olmedo, 2017).

Debido a su militancia en el Partido Comunista de Chile y su cercanía con Allende, Balmes debió partir al exilio casi inmediatamente luego del golpe de Estado, en compañía de Gracia Barrios y la hija de ambos Concepción (Trujillo, 2012). Tras un breve recorrido por el norte de Europa, la familia se arraigó en París: un contexto cargado de sentimientos encontrados para Balmes, quien retomó sus raíces europeas tras un segundo exilio político y huída de Chile que reabrió muchas heridas producidas por la guerra en su infancia. En 1974 fue refugiado en calidad de Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en el exilio en la mítica comunidad artística La Ruché (‘la Colmena’), y se incorporó como docente de pintura mural en la Universidad de París I – Panteón Sorbona; ambos reconocimientos producto de las gestiones del artista político francés Ernest Pignon-Ernest (Trujillo, 2012). Tanto la docencia como su infatigable producción artística, individual y colectiva, consolidaron su renombre artístico e intelectual a nivel internacional, pese al desarraigo. Mientras tanto, los oscuros acontecimientos de la dictadura cívico-militar en Chile estimulan al pintor a adoptar un compromiso insoslayable con la continuidad de los proyectos iniciados durante el gobierno de la Unidad Popular (Aravena, 2017: 24), tomando como referente a la experiencia del exilio republicano español. Primero en Francia, pero luego por medio de la visita a distintos países en el viejo continente, Balmes apoyó la constitución de brigadas muralistas conformadas por exiliados chilenos y artistas comprometidos con la izquierda europea, quienes pintaron en diversos países con el objetivo de realizar una denuncia. inagotable acerca de las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura cívico-militar chilena. Como artista autorizado por el Partido Comunista de Chile en el exilio para conformar grupos de resistencia cultural, Balmes propició la fundación de la Brigada Pablo Neruda, en que compartió andamios y brochas con Gracia Barrios, José García y José Martínez, así como también las brigadas. Luis Corvalán, Venceremos e Internacional, esta última con artistas de diversas nacionalidades que se reconocían alineados con una cultura de resistencia internacionalista (Balmes, 1978: 107-108; Norambuena, 2008).

Gracias a las gestiones de la UNESCO y la propia universidad francesa en la que imparten clases, así como también a un grupo de artistas que lo invitaron como docente a la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile (en la que dio lecciones de pintura hasta su retiro a fines de la década siguiente), Balmes regresó paulatinamente a Chile a partir de 1982. Retornado justamente en un momento de emergencia de la movilización social contra la dictadura cívico-militar, Balmes se reintegró durante los años siguientes a las filas del Partido Comunista de Chile, entonces empeñado junto al resto de la “Oposición” política a la dictadura en la recuperación democrática. En esta vuelta a la lucha directa, ya sin las limitaciones de audibilidad propias del exilio, Balmes vivió por primera vez el “acontecimiento” de su regreso: una experiencia no vivida en relación a Cataluña debido a su juventud (Trujillo, 2012), pero que se mostró claramente a los ojos del pintor en este segundo exilio, tras el cual vivió un traumático reencuentro con la escena del arte local: “ Lo que retornaba [con Balmes] era el fantasma balmesiano. Retorno, aquí, tiene el doble carácter: retorno político del exilio y retorno de los problemas que su obra acarrea; entre otros, la cuestión de la presentación ” (Mellado, 2000: 16).

Pese a estas dificultades, Balmes recordaba este período constantemente con su mítica frase “ volver a Chile es lo más importante que me ha pasado en mi vida ” (cit. en Brodsky, 2015: 6), y concebía la lucha antidictatorial como una suerte de “vuelta de mano” al país que lo había acogido como refugiado de guerra huyendo del fascismo. Desde esta perspectiva, el contexto político y social del final de la dictadura cívico-militar otorga un nuevo sentido y tarea a su pintura, que se dedicó por completo a expresar las luchas de un pueblo por su libertad y su derecho a la historia. En el escenario del plebiscito de 1988, Balmes integró el Comité Central del Partido Comunista, a la vez que formó parte de la campaña mediática por el No a la continuidad de Pinochet en el plebiscito de 1988. Una vez en la transición democrática, su pintura siguió ocupándose de los grandes problemas de la izquierda chilena durante los años noventa: la persistencia de la memoria del horror dictatorial, la lucha por los derechos humanos, el cierre de faenas industriales y el fin de la cultura obrera, entre muchos otros temas que vemos reflejados en su trabajo.

Para finalizar, resulta importante citar las propias palabras de Balmes respecto de la definición y periodificación de su propia obra, en base a los tres grandes momentos de su trayectoria política:

…Estos tres períodos, que marcan etapas fundamentales de la historia contemporánea de nuestro país, se reflejan de alguna manera en la mayoría de los creadores chilenos… En el período anterior a la Unidad Popular, desde ya de 1960, mi pintura muestra una preocupación evidente por los problemas de Chile y del hombre en general… La invasión norteamericana a Santo Domingo… Los hechos represivos del gobierno de Frei… El problema de Vietnam… Yo creo que son problemas generales, en cuanto a que la especificidad de los Los problemas chilenos están menos abordados, es menos claro, incluso desde el punto de vista de la forma, hasta del color; pienso que es alrededor de los años 60 y 70 y luego, durante el gobierno de la Unidad Popular, donde en la pintura mía. Aparece de manera mucho más clara, la verdadera problemática de nuestro país, del hombre de nuestro país, su presencia colectiva, en el trabajo por ejemplo, su presencia en tanta participación social. Posteriormente, en el período del fascismo el trabajo ha sido realizado en el exilio, y la problemática esencial e incluso única es Chile, su situación de hoy expresada en imágenes relacionadas con la represión, con la lucha, con la resistencia… ” (Balmes, 1978: 106).

En esta reflexión autobiográfica anclada como nota al pie de la historia nacional que atraviesa sus significados, observamos el interés de Balmes por “mostrar las costuras” o las bambalinas de una cultura que se construye para las mayorías, en un diálogo abierto y sincero con los grandes acontecimientos de su tiempo. También intuímos la figura de un artista que se proyecta y trasciende indefectiblemente a través de su crítica y ejercicio intelectual, y no como un mero repetidor de formas. Aún con varios años de vida y creación por delante, Balmes obtuvo el Premio Nacional de Artes en 1999: una época en que utilizó la audibilidad que le otorgó el premio para renovar su compromiso artístico y político con la memoria y la historia de los sectores populares. y oprimidos del país. Ello siempre ante el ideal de un arte que, como derecho inalienable al ser humano, permite la expresión de una visualidad propia, independiente e insumisa.

Bibliografía

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